El dólar estadounidense atraviesa un periodo de depreciación sostenida y cotiza actualmente en su nivel más bajo de los últimos cuatro años, en un escenario caracterizado por movimientos relevantes en los mercados de divisas, ajustes en carteras de inversión y cambios en las expectativas económicas globales.
Durante esta semana, la moneda registró su mayor caída diaria desde abril. El dólar retrocedió un 1,3% frente a una cesta de divisas principales y acumula una baja del 2,6% desde comienzos de 2026, según datos de Bloomberg. El euro se sitúa en torno a 1,20 dólares —niveles no observados desde 2021—, mientras que la libra esterlina alcanzó los 1,38 dólares.
Esta evolución encarece las importaciones para Estados Unidos y, al mismo tiempo, abarata los productos estadounidenses en el exterior, modificando las condiciones de comercio internacional.
Reconfiguración del mercado cambiario
La depreciación del dólar ha coincidido con una rotación de activos por parte de inversores internacionales. En los últimos días se han observado ventas de dólares y un mayor posicionamiento en monedas europeas y en activos considerados de refugio.
El oro se mantiene cerca de máximos históricos y se aproxima a los 5.100 dólares por onza, tras haber superado recientemente los 5.000 dólares. Paralelamente, el yen japonés se intercambia alrededor de 153 unidades por dólar, en un contexto de especulación sobre posibles intervenciones coordinadas de autoridades monetarias.
Analistas señalan que estos movimientos responden a una combinación de factores macroeconómicos, entre ellos:
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Niveles elevados de deuda y déficit fiscal en Estados Unidos
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Incertidumbre en materia comercial y arancelaria
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Cambios en expectativas sobre política monetaria
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Tensiones geopolíticas
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Ajustes en la demanda de activos de reserva
Política económica y expectativas monetarias
En el ámbito de la política monetaria, el mercado sigue de cerca la postura de la Reserva Federal (Fed). Aunque el aumento de los rendimientos de los bonos del Tesoro y la posibilidad de una pausa en los recortes de tasas suelen favorecer al dólar, en esta ocasión estos factores no han evitado la depreciación.
Al mismo tiempo, las declaraciones públicas sobre la independencia de la Fed y la orientación futura de los tipos de interés han sido incorporadas por los inversores en sus decisiones de exposición a activos denominados en dólares.
Diversos analistas señalan que eventuales reducciones adicionales de tasas podrían reducir la ventaja relativa de rendimiento de los activos estadounidenses frente a otras economías.
Posición del Gobierno de EE. UU.
El presidente Donald Trump ha manifestado que no le preocupa la evolución reciente del dólar. En declaraciones públicas señaló que la moneda “va muy bien” y vinculó su desempeño al volumen de actividad comercial del país.
Históricamente, el mandatario ha indicado que un dólar más débil puede favorecer la competitividad de las exportaciones estadounidenses y contribuir a reducir el déficit comercial. También ha mencionado la posibilidad de influir en la fortaleza de la divisa.
El dólar como activo de reserva
A nivel estructural, el dólar continúa siendo el principal activo de reserva global, respaldado por la amplitud y liquidez del mercado de deuda estadounidense. No obstante, algunos especialistas observan una mayor diversificación de reservas por parte de bancos centrales y un incremento en la demanda de oro.
La deuda pública de Estados Unidos permanece ampliamente distribuida entre inversores internacionales, especialmente de Asia, lo que mantiene al mercado de bonos como un elemento central en la dinámica financiera global.
Perspectivas
El comportamiento reciente refleja un entorno de mayor volatilidad en los mercados de divisas y una revisión de expectativas por parte de los participantes financieros. La evolución del dólar continuará condicionada por factores monetarios, fiscales y geopolíticos, así como por los flujos internacionales de capital.




