México se prepara para iniciar una nueva administración con el déficit fiscal más alto registrado en un primer año de gobierno en al menos veinte años, según estimaciones recientes del Fondo Monetario Internacional (FMI).
El organismo internacional prevé que en 2025 el país alcance un déficit de 3.9 % del Producto Interno Bruto (PIB), un nivel superior al observado en los comienzos de sexenios anteriores. Esta situación refleja un desequilibrio estructural entre ingresos y gastos públicos que podría marcar el rumbo de la política económica en los próximos años.
Deuda en aumento y espacio fiscal limitado
El FMI calcula que la deuda neta del sector público llegará al 51.6 % del PIB, la proporción más alta desde 2006, incluso mayor a la registrada durante la pandemia de 2020. Además, el organismo advierte que el endeudamiento seguirá aumentando gradualmente, hasta alcanzar cerca del 54 % del PIB en 2029.
La madurez promedio de la deuda mexicana es de 7 años y 9 meses, lo que otorga cierta estabilidad en el corto plazo, pero no elimina los riesgos que implica un mayor servicio de la deuda ante tasas de interés todavía elevadas a nivel global.
Con una deuda creciente y un déficit elevado, México enfrenta un espacio fiscal cada vez más reducido, lo que significa que el gobierno tendrá poca capacidad de reacción ante eventuales crisis económicas o emergencias sociales.
Ingresos estancados y gasto contenido
El informe destaca que los ingresos públicos se mantienen estancados en torno al 24.2 % del PIB desde 2022, y se prevé que continúen en ese nivel al menos hasta 2030. Esta rigidez en la recaudación limita la posibilidad de financiar programas sociales o proyectos de infraestructura sin recurrir a deuda adicional.
En contraste, el gasto público representará alrededor del 28.5 % del PIB en 2025, una leve moderación frente al 30.3 % observado el año previo, lo que sugiere un intento del gobierno por contener el desequilibrio fiscal. Sin embargo, el ajuste podría no ser suficiente si la economía no acelera su crecimiento o si los ingresos tributarios no se fortalecen.
Desafíos estructurales para el nuevo gobierno
El panorama fiscal descrito por el FMI plantea retos significativos para la nueva administración mexicana.
Entre ellos destacan:
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La necesidad de ampliar la base tributaria sin frenar la actividad económica.
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Revisar subsidios y programas con bajo impacto social o económico.
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Impulsar una reforma fiscal de mediano plazo que haga sostenibles las finanzas públicas.
De no hacerlo, México podría enfrentar un escenario de endeudamiento crónico que limite su capacidad para invertir en desarrollo, infraestructura y bienestar social.




