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Capital en pausa: señales mixtas para invertir en México

Durante buena parte de 2025, la percepción de los especialistas en economía del sector privado sobre el entorno para invertir en México fue mayoritariamente negativa. La encuesta de expectativas de Banco de México registró en varios meses que más de 70% de los consultados consideraba desfavorable el momento para destinar capital al país.

Hacia el cierre del año, esa lectura comenzó a matizarse. En diciembre, la proporción de respuestas negativas descendió a 48% y se mantuvo en niveles similares durante enero de 2026. No obstante, el ajuste no se tradujo en optimismo. El sentimiento dejó de ser abiertamente pesimista para ubicarse en una zona de incertidumbre.

Cerca de la mitad de los encuestados declaró no estar seguro sobre si era un buen momento para invertir, lo que refleja cautela más que recuperación. Al mismo tiempo, la percepción positiva tocó mínimos históricos: en diciembre de 2025 no se registraron respuestas favorables y en enero apenas alcanzaron 3%.

Expectativas de corto plazo estables

El clima de negocios refuerza este escenario de espera. Más de 55% de los especialistas prevé que la situación económica permanecerá sin cambios durante los siguientes seis meses. Las proyecciones descartan un deterioro significativo, pero tampoco anticipan una mejora clara en el corto plazo.

En contraste, el gobierno federal ha anunciado un portafolio de inversión privada superior a 400,000 millones de dólares para el sexenio de Claudia Sheinbaum, como parte del Plan México. El monto y los proyectos están identificados, pero el desafío señalado por especialistas y empresarios es transformar esa cartera en decisiones ejecutadas.

Factores externos e internos en pausa

El año 2026 se perfila como un periodo complejo para concretar inversiones de gran escala. La revisión del T-MEC, prevista para julio, aparece como un punto de inflexión. En el sector privado predomina la expectativa de que una definición clara del tratado libere proyectos actualmente en espera de mayor certidumbre.

Desde la Secretaría de Economía se ha señalado como prioridad acompañar, facilitar y acelerar las inversiones, en paralelo a la revisión del acuerdo comercial.

Las previsiones de crecimiento apuntan a un avance moderado. Moody’s estima una expansión de 1.2% para 2026, apenas 0.5 puntos porcentuales por encima de 2025, condicionada al resultado de la revisión del T-MEC y a un entorno geopolítico más complejo. Por su parte, Fitch Ratings señala que, además del tratado, persisten factores internos que elevan la cautela, como reformas en discusión en ámbitos judiciales, laborales y económicos que podrían incrementar costos y retrasar decisiones de inversión.

Prioridades del sector empresarial

El sector empresarial también ha identificado áreas críticas. El estudio Perspectivas de la Alta Dirección en México 2026 de KPMG México muestra que 72% de las empresas considera prioritario fortalecer la confianza en el Estado de derecho. A ello se suma la necesidad de una revisión adecuada del T-MEC, señalada por 59% de los directivos, y el reto de atraer inversión nacional y extranjera, mencionado por 53%.

Ventajas estructurales con resultados limitados

De acuerdo con el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, México se ha beneficiado del nearshoring y de su integración manufacturera con Estados Unidos. Sin embargo, estas ventajas aún no detonan un ciclo sólido de inversión. El obstáculo principal no es la falta de interés, sino la incertidumbre que frena decisiones de largo plazo.

El organismo señala que, aunque el país alcanzó niveles récord de inversión extranjera directa en 2025 —41,000 millones de dólares al tercer trimestre—, la inversión total, que incluye capital privado, público y extranjero, cayó alrededor de 10% ese año. La inversión privada retrocedió cerca de 2%, mientras que la inversión pública disminuyó más de 26%, con contracciones más profundas en sectores estratégicos.

Esta brecha implica que el capital externo no siempre se acompaña de inversión doméstica suficiente ni de gasto público en infraestructura, energía y logística, elementos que habilitan el crecimiento de largo plazo. El resultado es una economía integrada a Norteamérica, pero con una base de inversión frágil.

El análisis del centro añade que la incertidumbre regulatoria, fiscal y legal pesa tanto como los factores externos. Ante reglas cambiantes o una aplicación débil de la ley, las empresas tienden a postergar proyectos, aun cuando el país ofrezca costos competitivos y cercanía con el mercado estadounidense.

Diferencias regionales

El Instituto Mexicano para la Competitividad observa que la capacidad de atraer y retener inversión es limitada y desigual entre regiones. Su Índice de Competitividad Regional 2026 indica que ninguna zona del país ofrece aún condiciones óptimas para sostener capital productivo de manera duradera.

El noreste encabeza el ranking con 62.3 puntos sobre 100, impulsado por su base industrial y un mercado laboral más formal, aunque su capacidad de retención se mantiene en niveles medios. En otras regiones, la informalidad, la inseguridad y las debilidades de infraestructura reducen el impacto del capital, especialmente en el sur y sureste.

Un entorno de cautela

En conjunto, los indicadores muestran un cambio de ánimo: del pesimismo abierto hacia una postura de espera. La mejora en la percepción no se ha traducido en confianza suficiente para activar nuevas inversiones de gran escala. En este contexto, la definición de reglas claras, certidumbre regulatoria y condiciones operativas consistentes aparecen como elementos centrales para convertir el interés existente en proyectos concretos.

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