El Servicio de Administración Tributaria (SAT) prepara una ofensiva frontal contra las llamadas empresas fantasma y factureras, aquellas que simulan operaciones comerciales para evadir impuestos, obtener devoluciones indebidas o incluso lavar dinero.
La medida se enmarca en las reformas fiscales que el gobierno federal alista para el Paquete Económico 2026 y que, según la presidenta Claudia Sheinbaum, podrían generar más recursos para el país que un incremento en el ISR. “Combatir la evasión por factureras traerá más beneficios que subir impuestos”, enfatizó recientemente en su conferencia matutina.
Una vieja práctica, un nuevo impulso
Las empresas fantasma no son un fenómeno nuevo. Desde 2014 el SAT cuenta con herramientas legales para investigarlas, sancionarlas y exhibirlas públicamente en las llamadas “listas negras”. Sin embargo, el problema persiste y cada año drena miles de millones de pesos del erario.
En 2019 se intentó tipificar la expedición de facturas falsas como delito grave con prisión preventiva oficiosa. No obstante, la Suprema Corte declaró la medida inconstitucional, lo que dejó un vacío en la lucha penal contra estos esquemas.
Ahora, el gobierno plantea no solo reforzar la persecución administrativa, sino también modernizar la detección de operaciones simuladas mediante tecnología y cruces de información, tal como sugirió el Instituto Mexicano de Contadores Públicos (IMCP).
Un desafío de largo aliento
La magnitud del problema es considerable: durante años, miles de contratos públicos fueron adjudicados a compañías fachada. En muchos casos, estas empresas eran constituidas con prestanombres que ni siquiera sabían que figuraban como accionistas, mientras los verdaderos beneficiarios permanecían ocultos.
Expertos han señalado que uno de los mayores obstáculos es la impunidad: pocas denuncias llegan ante un juez y, cuando lo hacen, suelen tardar años en resolverse. Además, la cancelación de créditos fiscales millonarios por insolvencia ha favorecido que el daño al erario permanezca impune.
El parteaguas que viene
La apuesta de la administración actual es clara: cerrar la llave de las operaciones simuladas antes de pensar en nuevos impuestos. Si la reforma cumple con lo prometido, podría convertirse en un parteaguas en la recaudación mexicana y en un golpe decisivo a la corrupción estructural ligada a empresas fachada.
El reto será convertir el discurso en resultados tangibles: más detección temprana, sanciones efectivas y cero tolerancia a los prestanombres que alimentan esta red de simulación.




